En Moorea, la perla de Tahití es uno de los productos emblemáticos de la Polinesia Francesa. Procedente de la ostra perlera Pinctada margaritifera, también conocida como ostra de labios negros, se distingue por su amplia gama de colores naturales, que van del gris claro al negro, con reflejos verdes, azules, berenjena o plateados. El cultivo de perlas se basa en un saber hacer preciso. Las ostras se crían en el mar durante varios años antes de ser injertadas. Esta delicada operación consiste en introducir un núcleo y un fragmento de manto en la ostra para desencadenar la formación de la perla. Tras el injerto, la ostra se devuelve a la laguna o a la bahía para un periodo de crecimiento que puede durar entre 18 y 24 meses, o incluso más. La calidad de una perla depende de varios criterios: el tamaño, la forma, la superficie, el brillo y el color. Las perlas perfectamente redondas son las más buscadas, pero las formas barrocas o semibarrocas también son apreciadas por su carácter único. Cada perla es diferente, lo que la convierte en un producto natural y no estandarizado. En Moorea, las perlas suelen ser valoradas por artesanos joyeros y tiendas especializadas. Se montan en joyas sencillas o trabajadas (collares, pulseras, pendientes, colgantes) que resaltan la perla en sí misma en lugar de adornos excesivos . Algunas tiendas también ofrecen perlas sin montar, destinadas a aficionados o coleccionistas. La venta local permite una mejor trazabilidad y un contacto directo con los profesionales. Contribuye a la valorización de un sector polinesio reconocido, al tiempo que apoya la artesanía y la economía local. En Moorea, la perla sigue siendo un símbolo fuerte del vínculo entre el mar, el saber hacer humano y la identidad del territorio.
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